¿Qué es el cloud computing? Significado, tipos y cómo funciona
El cloud computing es un modelo para utilizar capacidad de cálculo, repositorio, redes y aplicaciones a través de internet, en lugar de comprar y mantener esos recursos dentro de la empresa. Tú consumes el servicio; el suministrador se ocupa de los servidores físicos, del centro de datos y de que todo siga funcionando. Pagas por lo que usas o por el plan que contratas, y puedes ampliar o reducir los recursos en cuestión de minutos. Se llama "nube" porque, desde fuera, no importa en qué máquina concreta se ejecuta tu aplicación: el detalle queda oculto detrás de una capa de abstracción.
En este artículo verás qué significa exactamente el término, cómo funciona por dentro, qué tipos de nube existen y en qué se diferencian IaaS, PaaS y SaaS. También verás lo que casi nadie cuenta: qué inconvenientes tiene, cuándo no compensa migrar y por dónde empezar si tu empresa está evaluando dar el paso. Está escrito para que lo entienda alguien sin formación técnica, pero sin simplificar hasta el punto de dejar de ser útil para quien tiene que tomar la decisión.
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¿Qué significa cloud computing?
Traducido literalmente, cloud computing significa "computación en la nube". Es el nombre que recibe un cambio de modelo: pasar de poseer infraestructura informática a consumirla como servicio. La diferencia es más económica que técnica. En el modelo tradicional, una empresa compra servidores, los instala en una sala, los mantiene, los actualiza y los sustituye cada cierto número de años. Es una inversión de capital que se amortiza y un activo que hay que gestionar. En el modelo cloud, esa misma empresa contrata capacidad a un suministrador y la paga como un gasto recurrente, igual que la electricidad.
La definición de referencia la publicó el NIST —el instituto de estándares del Gobierno estadounidense— en su documento SP 800-145, y sigue siendo la que usa el sector. Identifica cinco atributos que algo debe cumplir para considerarse cloud de verdad: autoservicio bajo demanda (puedes activar recursos sin llamar a nadie), acceso por red, agrupación de recursos compartidos entre varios clientes, elasticidad rápida para crecer y decrecer, y medición del consumo.
¿Cómo funciona el cloud computing?
El recorrido completo es sencillo de describir: Usuario → internet o red privada → proveedor cloud → servidores en un centro de datos → almacenamiento, aplicaciones y datos. Cuando abres tu correo corporativo desde el navegador, la aplicación no está en tu ordenador. Tu petición viaja por internet hasta un centro de datos del suministrador, allí un servidor la procesa, recupera tus mensajes del sistema de almacenamiento y te devuelve el resultado. Todo ocurre en milisegundos y por eso la experiencia se parece a la de un programa instalado.
Los centros de datos y la virtualización
Detrás hay edificios llenos de servidores físicos, con redundancia eléctrica, refrigeración y conectividad duplicada. Pero la pieza que hace posible el modelo es la virtualización: una capa de software que divide cada servidor físico en varios hosts virtuales independientes. Gracias a ella, un mismo equipo puede alojar cargas de trabajo de clientes distintos, aislados entre sí, y el suministrador puede crear una máquina nueva en segundos sin tocar componentes. Esa es también la razón de que puedas duplicar tu capacidad un lunes de rebajas y devolverla el martes: no estás comprando máquinas, estás reservando porciones de una capacidad que ya existe.
Los proveedores organizan sus centros de datos en regiones geográficas y zonas de disponibilidad dentro de cada región, de modo que una incidencia física en un edificio no tumbe el servicio. Elegir región no es un detalle menor: determina la latencia que notarán tus usuarios y dónde residen legalmente tus datos.
Qué gestiona el suministrador y qué gestionas tú
Esta es la parte que más confusión genera, y de ella depende el reparto de responsabilidades cuando algo va mal. El suministrador se ocupa siempre de la seguridad de la nube: el edificio, el hardware, la red física, la capa de virtualización. El cliente se ocupa siempre de la seguridad en la nube: quién accede, con qué permisos, cómo se configuran los servicios y qué datos se suben. La frontera exacta se mueve según el modelo de servicio que contrates, y lo verás con detalle en la sección de IaaS, PaaS y SaaS. Una configuración incorrecta por parte del cliente sigue siendo responsabilidad del cliente. Es el origen de la mayoría de los incidentes que se atribuyen a "fallos de la nube". Si esta parte te preocupa, es exactamente el terreno de la seguridad y el cumplimiento normativo↗.
Ejemplo sencillo: una empresa antes y después de la nube
Imagina una empresa de distribución con cuarenta empleados. Antes. Tiene un hosts en un armario de la oficina. Ahí están el ERP, las carpetas compartidas y el correo. El software está instalado en cada ordenador. Las copias de seguridad se hacen en un disco externo que alguien se lleva a casa los viernes. Cuando el servidor se queda corto, hay que comprar otro, y cuando se estropea una fuente de alimentación un sábado, nadie trabaja el lunes.
Después. El correo y la ofimática funcionan como servicio en el navegador. Los archivos están en almacenamiento cloud, sincronizados y versionados. El ERP corre sobre máquinas virtuales en un centro de datos del suministrador. Las copias se replican automáticamente en otra región geográfica.
Qué cambia realmente: desaparece el armario, pero aparecen tres cosas nuevas. Una factura mensual variable en lugar de una compra cada cinco años. Una dependencia crítica de la conexión a internet de la oficina. Y una necesidad de gobierno que antes no existía: alguien tiene que decidir quién accede a qué, revisar costes y vigilar configuraciones. La nube no elimina el trabajo de administración; lo desplaza.
Tipos de cloud computing
Los tipos se refieren al modelo de despliegue, es decir, a quién es la infraestructura y con quién se comparte.
Nube pública
La infraestructura pertenece a un suministrador que la ofrece a cualquier cliente. Los recursos físicos se comparten entre muchas organizaciones, aunque cada una esté lógicamente aislada de las demás. Es el modelo con menor coste de entrada, porque no hay inversión inicial, y el que mejor escala. Encaja bien en aplicaciones web, entornos de desarrollo y pruebas, almacenamiento, copias de seguridad y cualquier carga con demanda irregular.
Nube privada
La infraestructura se dedica a una sola organización. Puede estar en su propio centro de datos o alojada en un tercero, pero no se comparte. Ofrece más control sobre la configuración, la ubicación de los datos y el aislamiento, a cambio de un coste fijo más alto y de una escalabilidad limitada por la capacidad contratada. Suelen necesitarla organizaciones con requisitos regulatorios estrictos, sectores supervisados o entornos donde el dato no puede salir de un perímetro determinado.
Nube híbrida
Combina pública y privada, con conectividad entre ambas, y reparte las cargas de trabajo según convenga. Lo habitual es mantener en privado los sistemas con datos sensibles o con requisitos de cumplimiento, y llevar a pública lo que necesita elasticidad. Es el modelo más frecuente en empresas medianas y grandes, sencillamente porque nadie migra todo de golpe: la híbrida suele ser el resultado natural de una migración progresiva, no una decisión de partida.
Multicloud (multinube)
Consiste en usar varios proveedores de nube pública a la vez. No es lo mismo que híbrida: la híbrida mezcla pública y privada; la multicloud mezcla proveedores. Se adopta para evitar la dependencia de uno solo, para aprovechar servicios concretos que cada proveedor hace especialmente bien, o por herencia de fusiones y adquisiciones. El precio a pagar es la complejidad: dos consolas, dos modelos de facturación, dos formas de gestionar identidades y un equipo que tiene que conocer ambas.
| Modelo | Infraestructura | Control | Escalabilidad | Coste inicial | Uso habitual |
|---|---|---|---|---|---|
| Pública | Del suministrador, compartida | Bajo | Muy alta y bajo demanda | Muy bajo | Web, desarrollo, almacenamiento, picos de demanda |
| Privada | Dedicada a una organización | Alto | Limitada a la capacidad contratada | Alto | Datos sensibles, requisitos regulatorios, sectores supervisados |
| Híbrida | Combinación de ambas | Medio-alto, por carga | Alta en la parte pública | Medio | Migraciones progresivas, cargas mixtas |
| Multicloud | De varios proveedores públicos | Medio | Muy alta | Bajo en infraestructura, alto en gestión | Reducir dependencia, aprovechar servicios específicos |
IaaS, PaaS y SaaS: diferencias
Mientras los tipos de nube dicen de quién es la infraestructura, los modelos de servicio dicen hasta dónde llega la responsabilidad del suministrador. Los tres coexisten: una misma empresa puede usar los tres a la vez.
IaaS — Infraestructura como servicio
El suministrador entrega los ladrillos: máquinas virtuales, almacenamiento, redes y capacidad de cálculo. Tú instalas encima el sistema operativo, el middleware y tus aplicaciones, y te ocupas de mantenerlos actualizados. Es el modelo con más libertad y más trabajo. Es también el destino natural de una migración lift and shift, cuando se mueven servidores existentes a la nube sin rediseñarlos.
PaaS — Plataforma como servicio
El suministrador entrega además el sistema operativo, el motor de ejecución, las bases de datos gestionadas y las herramientas de despliegue. Tú solo aportas el código y los datos. Acelera mucho el desarrollo porque el equipo deja de administrar servidores, pero te ata más a la forma de trabajar de ese suministrador concreto. Es el modelo habitual para aplicaciones nuevas y para la modernización de aplicaciones legacy↗.
SaaS — Software como servicio
El suministrador entrega la aplicación terminada, accesible por navegador y contratada por suscripción. Se encarga de todo: infraestructura, actualizaciones, copias y disponibilidad. Tú gestionas usuarios, permisos y tus propios datos. Es el modelo que más se usa sin saber que se usa: el correo corporativo, el CRM, la videoconferencia y la ofimática en línea son SaaS.
| Modelo | Qué ofrece | Gestiona el proveedor | Gestiona el cliente | Ejemplo de uso |
|---|---|---|---|---|
| IaaS | Servidores, almacenamiento, red, cómputo | componentes, red física, virtualización | Sistema operativo, middleware, aplicaciones, datos, configuración | Mover servidores propios a la nube |
| PaaS | Entorno de ejecución y herramientas de desarrollo | Todo lo anterior + SO, motor de ejecución, bases de datos gestionadas | Código, datos, configuración de la aplicación | Desarrollar y desplegar una aplicación nueva |
| SaaS | Aplicación lista para usar | Toda la pila técnica y las actualizaciones | Usuarios, permisos, datos y su contenido | Correo, CRM, ofimática, videoconferencia |
Por qué muchas organizaciones acaban trabajando con varias nubes
Casi ninguna empresa decide un día repartir sus sistemas entre varias nubes: llega ahí sin habérselo propuesto. El correo y la ofimática se contratan a un proveedor de nube. El equipo de desarrollo levanta un entorno de pruebas en otro, porque le ofrece la base de datos gestionada que necesita. Marketing contrata una herramienta de analítica que funciona sobre Google Cloud. Un año después, la tecnología de la organización está repartida entre tres plataformas distintas y nadie ha tomado esa decisión de forma explícita. Eso es multinube, aunque nadie la haya llamado así. No es necesariamente un problema. La multinube ofrece flexibilidad real: permite elegir en cada caso el entorno que mejor encaja con las necesidades de cada carga de trabajo, reduce la dependencia de un suministrador único y facilita integrar empresas adquiridas que llegan con su propia tecnología. Muchas organizaciones la adoptan a propósito precisamente por eso.
El coste está en la gestión.
Cada nube ofrece su propia consola, su modelo de facturación y su forma de gestionar identidades, y Google Cloud, Microsoft Azure y Amazon Web Services llaman de forma distinta a servicios de computación equivalentes. El software que funciona sin ajustes en una plataforma rara vez se mueve limpio a otra, y los equipos informáticos tienen que dominar dos o tres entornos en lugar de uno. La capacidad de computación se contrata por separado, se mide por separado y se paga por separado, así que la factura total deja de ser legible de un vistazo.
La pregunta útil no es si conviene trabajar con una nube o con varias, sino si la organización tiene quién gobierne lo que ya tiene. Una multinube ordenada —con inventario de los sistemas informáticos y del software contratado, responsables asignados y control de gasto— aporta flexibilidad y capacidad de negociación. Una multinube accidental solo multiplica facturas, entornos sin dueño y puntos ciegos. La diferencia entre una cosa y otra no es la tecnología: son las necesidades que las empresas se hayan molestado en definir antes de contratar
Ventajas del cloud computing
Escalabilidad y elasticidad.
Puedes ampliar recursos en minutos y devolverlos cuando el pico pasa. Para una carga estacional, esto es una diferencia de fondo respecto a comprar componentes dimensionado para el peor día del año.
Rapidez para desplegar. Levantar un entorno de pruebas pasa de semanas a minutos. En equipos de desarrollo es probablemente el beneficio más tangible.
Acceso desde cualquier sitio. Los equipos distribuidos trabajan sobre los mismos sistemas sin VPN complicadas ni copias locales descoordinadas.
Menos dependencia de hardware local. Desaparecen la compra, la instalación, la garantía y la renovación de equipos, y con ellas una parte del trabajo de mantenimiento.
Disponibilidad y recuperación. Replicar datos en otra región geográfica es una opción de configuración, no un proyecto. Un plan de recuperación ante desastres deja de ser algo reservado a empresas grandes.
Innovación. Servicios de analítica, bases de datos gestionadas o modelos de inteligencia artificial están disponibles bajo demanda, sin montar la plataforma previa. Es lo que hace viables muchos proyectos de datos e inteligencia artificial↗ que antes no salían del papel. Una advertencia honesta: el cloud no es automáticamente más barato. Lo es cuando la demanda es variable o cuando evita una inversión grande. Un sistema estable, dimensionado y ya amortizado puede salir más caro en la nube que donde está.
¿Qué inconvenientes tiene el cloud computing?
Dependencia del suministrador (vendor lock-in).
Cuanto más usas servicios propietarios de una plataforma, más caro resulta salir de ella. Con IaaS la portabilidad es razonable; con PaaS y ciertos servicios gestionados, mucho menor.
Costes difíciles de controlar.
El modelo de pago por uso facilita que el gasto crezca sin que nadie lo decida: entornos de prueba olvidados, máquinas sobredimensionadas, repositorio que nunca se limpia y, muy especialmente, costes de transferencia de datos de salida, que suelen pasar desapercibidos hasta que llega la factura.
Seguridad y configuración. La infraestructura del suministrador suele estar mejor protegida que la de una pyme media, pero la superficie de error se desplaza a la configuración del cliente: permisos excesivos, repositorio expuesto, credenciales mal gestionadas.
Privacidad y cumplimiento. El RGPD obliga a saber dónde se tratan los datos personales y a formalizar la relación con el proveedor como encargado del tratamiento. Si trabajas con el sector público español o eres proveedor suyo, el Esquema Nacional de Seguridad añade requisitos propios. La región donde alojas los datos deja de ser una decisión técnica.
Complejidad de los entornos híbridos. Mantener dos mundos conectados y coherentes —identidades, redes, copias, monitorización— exige más disciplina operativa que mantener uno solo.
Migración. Mover sistemas cuesta dinero, tiempo y riesgo. Es un proyecto, no un trámite.
Cloud computing vs infraestructura local
| Aspecto | Cloud | Infraestructura física propia |
|---|---|---|
| Inversión inicial | Baja o nula; gasto recurrente | Alta; compra de componentes |
| Hardware | Del proveedor | Propio, con ciclo de renovación |
| Mantenimiento | Del proveedor hasta la capa contratada | Íntegramente del cliente |
| Escalabilidad | En minutos, hacia arriba y hacia abajo | Limitada por lo comprado; ampliar exige compra |
| Acceso | Desde cualquier ubicación con conexión | Desde la red corporativa o mediante VPN |
| Control | Limitado por el modelo de servicio | Total sobre hardware y configuración |
| Actualizaciones | Automáticas o gestionadas por el suministrador | Planificadas y ejecutadas internamente |
| Disponibilidad | Redundancia geográfica disponible por configuración | Depende de la redundancia que se haya financiado |
| Gestión | Se desplaza a configuración, identidades y costes | Se concentra en hardware, sistemas y capacidad |
Ninguna columna es mejor que la otra en abstracto. La pregunta correcta no es cuál gana, sino qué cargas de trabajo encajan en cada una.
Ejemplos de cloud computing en empresas
Correo y ofimática corporativa.
El caso más extendido, y casi siempre el primero que se migra.
Almacenamiento y trabajo con archivos
, con versionado y permisos centralizados.
Copias de seguridad y recuperación ante desastres
, replicadas fuera de la sede.
CRM y ERP en modo SaaS
, sin servidor propio ni actualizaciones manuales.
Aplicaciones web y portales de cliente
, que pueden absorber picos de tráfico.
Entornos de desarrollo y pruebas
, creados y destruidos según haga falta.
Analítica de datos
, reuniendo información de varios sistemas en una plataforma común.
Inteligencia artificial
, consumiendo modelos y capacidad de cálculo bajo demanda.
Escritorios remotos
, para equipos distribuidos o perfiles temporales.
Principales proveedores de cloud computing
Los tres grandes proveedores de nube pública son Microsoft Azure, Amazon Web Services y Google Cloud. Los tres ofrecen las mismas familias de servicio: cómputo, repositorio, redes, bases de datos, servicios de inteligencia artificial y herramientas de gestión empresarial. No voy a decirte cuál es mejor, porque la pregunta no tiene respuesta general. La elección depende de qué tecnologías ya usas —una organización con Microsoft 365 y Active Directory parte con ventaja en Azure—, de qué perfiles tiene tu equipo, de las regiones disponibles y del encaje de cada servicio concreto con tu caso. Lo que sí conviene hacer siempre: comprobar las condiciones y los precios en la página oficial del suministrador antes de decidir, porque cambian con frecuencia y las comparativas de terceros envejecen mal.
¿Cuándo tiene sentido utilizar cloud computing en una empresa?
Crecimiento rápido o demanda irregular
, cuando dimensionar hardware es adivinar.
Infraestructura difícil de mantener
, con equipos antiguos o sin nadie que los administre.
Equipos distribuidos
en varias sedes o en remoto.
Aplicaciones nuevas
, que nacen mejor en la nube que migradas después.
Recuperación ante desastres
, cuando hoy no existe un plan real.
Proyectos de datos o de inteligencia artificial
, que necesitan capacidad puntual y grande.
Expansión internacional
, para acercar los sistemas a usuarios de otros países.
¿Cuándo no conviene migrar todo a la nube?
Esta sección casi nunca aparece en los artículos sobre cloud, y suele ser por un motivo sencillo: quien los escribe vende nube. Estos son los casos en los que migrar no compensa, o directamente no procede.
Hardware industrial o equipamiento específico. Maquinaria de producción, sistemas de control o dispositivos conectados a equipos físicos que exigen proximidad. Ahí la nube es, como mucho, un complemento.
Requisitos regulatorios o contractuales de ubicación. Si una norma, un cliente o un pliego exigen que el dato resida en un lugar concreto o bajo un control determinado, la decisión está tomada antes de empezar.
Latencia crítica. Procesos que necesitan respuesta en milisegundos y no toleran el trayecto de ida y vuelta hasta un centro de datos remoto.
Aplicaciones legacy mal documentadas. Un sistema antiguo, sin código fuente accesible o con dependencias desconocidas, puede costar más en migración y rediseño de lo que ahorrará en diez años. A veces la decisión correcta es sustituirlo, no moverlo.
Sistemas estables y amortizados. Si funciona, está dimensionado, tiene soporte y el hardware está pagado, migrarlo solo genera coste y riesgo. Que algo se pueda llevar a la nube no significa que deba llevarse.
Falta de capacidad para gestionarlo. La nube exige gobierno de identidades, control de costes y revisión de configuraciones. Sin alguien que asuma ese trabajo, se acaba con una infraestructura igual de desordenada que antes, pero facturada por horas.
Cómo empezar con cloud computing
Analiza la infraestructura actual.
Inventario de hosts, aplicaciones, licencias y dependencias. Sin esto, cualquier plan es una estimación.
Identifica aplicaciones y datos.
Qué hace cada sistema, quién lo usa y qué información maneja.
Clasifica qué puede migrarse.
Separa lo que se mueve tal cual, lo que hay que rediseñar, lo que conviene sustituir y lo que se queda donde está.
Decide el modelo.
Pública, privada o híbrida, y por carga de trabajo, no para toda la empresa a la vez.
Evalúa proveedores.
Regiones disponibles, encaje con lo que ya usas, condiciones de salida.
Calcula el coste real.
Licencias, transferencia de datos, conectividad redundante, migración y horas de gestión. No solo el precio de la máquina.
Define seguridad y accesos
antes de migrar, no después: identidades, permisos mínimos, cifrado y copias.
Migra por fases.
Empieza por lo menos crítico, aprende y aplica lo aprendido al resto.
Monitoriza
disponibilidad, rendimiento y gasto desde el primer día.
Optimiza.
Revisa periódicamente qué sobra, qué está sobredimensionado y qué se puede apagar.
Los pasos 9 y 10 son los que se abandonan, y son los que determinan si la factura se mantiene bajo control. Si dentro de tu organización no hay quien los sostenga, es exactamente el trabajo que cubren unos servicios gestionados IT↗.
Preguntas frecuentes
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¿Qué significa cloud computing?
Significa "computación en la nube": utilizar hosts, repositorio, redes y aplicaciones a través de internet en lugar de tenerlos instalados en la empresa. El suministrador mantiene la infraestructura física y el cliente consume los recursos como servicio, pagando por uso o por suscripción.
+ ¿Qué es la computación en la nube?
Es la traducción al español de cloud computing y designa lo mismo. Según la definición del NIST, implica autoservicio bajo demanda, acceso por red, recursos compartidos entre clientes, capacidad de crecer y decrecer rápidamente, y medición del consumo.
+ ¿Cómo funciona el cloud computing?
El usuario accede por internet a los sistemas de un proveedor. Allí, en centros de datos con servidores físicos, una capa de virtualización reparte esos equipos en servidores virtuales aislados. El suministrador mantiene el componente y la plataforma; el cliente gestiona su configuración, sus accesos y sus datos.
+ ¿Qué ejemplos de cloud computing existen?
El correo corporativo en el navegador, el repositorio de archivos compartidos, las copias de seguridad replicadas, un CRM o un ERP por suscripción, las aplicaciones web, los entornos de desarrollo y pruebas, los escritorios remotos y los servicios de analítica e inteligencia artificial.
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¿Cuáles son los tres tipos de cloud computing?
Habitualmente se habla de nube pública, privada e híbrida, a los que se añade la multicloud. Conviene no confundir estos modelos de despliegue con los modelos de servicio, que describen algo distinto: hasta dónde llega la responsabilidad del suministrador.
+ ¿Qué diferencia hay entre nube pública, privada e híbrida?
La pública es infraestructura del suministrador compartida entre muchos clientes: máxima escalabilidad, mínimo coste inicial, menor control. La privada se dedica a una sola organización: más control y más coste fijo. La híbrida combina ambas y reparte cada carga de trabajo donde mejor encaje.
+ ¿Qué significa SaaS?
Software as a Service, software como servicio. Es una aplicación completa que se usa por internet mediante suscripción, sin instalarla ni mantenerla. El suministrador se ocupa de la infraestructura, las actualizaciones y la disponibilidad; el cliente gestiona sus usuarios, sus permisos y su información.
+ ¿Es seguro el cloud computing?
Los centros de datos de los grandes proveedores suelen tener medidas superiores a las de una empresa media. El riesgo se desplaza a la configuración del cliente: permisos excesivos, repositorio expuesto o credenciales mal gestionadas. La seguridad es compartida, y la parte del cliente sigue siendo del cliente.
+ ¿Cuál es la diferencia entre cloud y servidor?
Un servidor es una máquina concreta, propia o alquilada. La nube es un modelo de consumo sobre un conjunto de servidores virtualizados que puedes ampliar o reducir tú mismo y que se te factura por uso medido. Alquilar un servidor fijo no es, en sentido estricto, cloud computing.
Conclusión: qué significa adoptar cloud computing de verdad
El cloud computing no consiste simplemente en cambiar un servidor físico por otro que está en internet. Cambia la forma de contratar, escalar, proteger y operar la tecnología.
La nube aporta elasticidad, rapidez de despliegue y acceso a servicios que antes exigían mucha infraestructura propia. A cambio, obliga a controlar identidades, configuraciones, costes y dependencias con el proveedor. Por eso no existe una respuesta general a la pregunta de si una empresa debería migrarlo todo.
La decisión útil es más concreta: qué cargas se benefician de la nube, cuáles deben seguir donde están, qué modelo encaja con cada una y quién va a gobernar el entorno cuando la migración termine.